La pereza te debilita :: Fortaleza: jóvenes cristianos quito ecuador Jorge y Rossana Briceño

La pereza te debilita


Hace 2 años decidí trotar, desesperado por ver a mi padre postrado en una cama, sin ánimo para ejercitarse, me propuse cuidar mi salud, así que empecé al principio caminaba, un mes después trotaba, al cabo de 4 meses corría una hora diaria, aproximadamente unos 8 a 10 kilómetros cuatro veces por semana, descubrí que la salud de un hombre está en sus piernas  y estaba seguro que nunca más engordaría… hasta que nació mi segundo hijo y deje de correr,  dedicado a mi hijo y luego al trabajo que nos encomendaron en la iglesia, deje de ejercitarme el resultado es que he vuelto a subir de peso, creo que unas 30 libras, y este mes empecé a ejercitarme de nuevo, bajé al parque y descubrí que no podía trotar ni siquiera 10 minutos, así que me dedique a caminar, camino alrededor de 45 minutos, a la velocidad que puedo, con la confianza que volveré a tener un buen estado físico.

Pro 24:10  Si fueres flojo en el día de trabajo, Tu fuerza será reducida.

2 años de inactividad física disminuyeron notablemente mis fuerzas, de 10 kilómetros a 3 kilómetros, existe bastante diferencia, y lo mismo sucede con nuestra capacidad de trabajar, de hacer algo, si uno no se mantiene en actividad perderá la fuerza.

Es interesante que el versículo no diga que si dejas de trabajar perderás la fuerza, dice que si no lo haces con todas tus fuerzas inevitablemente al siguiente día serás un poco menos capaz, el resultado es que cada día que no te esfuerzas te vuelves un poco más débil, pero el texto también se puede invertir

Pro 24:10 INVERSO  Si te esfuerzas en el día de trabajo, Tu fuerza será aumentada.

Cuando estuve en la universidad asistí por un periodo de un año a un gimnasio y puede la evolución de algunos jóvenes,  y también lo experimenté en mi mismo, si era constante en el entrenamiento y si me esforzaba en poco tiempo podía aumentar el peso y las repeticiones. El entrenador nos decía la siguiente frase:

“Un día sin entrenamiento, con fiestas alcohol y cigarrillos, destruye una semana de esfuerzo”

Es interesante que no haya igualdad, no es que un día no trabajo y al día siguiente lo compenso, lo que el entrenador nos decía es que un día de ociosidad se compensaba con una semana de trabajo duro, así que podíamos ver el desarrollo de nuestros compañeros de la siguiente manera:

Estaban los constantes, disciplinados y esforzados, cada semana ganaban tallas, cada semana aumentaban su poder y su capacidad, en un año se volvieron muy grandes.

Estaban los inconstantes, los que querían ser grandes y fuertes pero no dejaban su diversión cada fin de semana, estos tenían  poco o ningún progreso, durante el año permanecían iguales, sin lograr resultados, aunque entre semana se esforzaban

Por último estaban los que llegaron con ánimo pero al ver el trabajo duro hacían las cosas sin esforzarse, estos llegaban por uno o dos meses y luego se retiraban y la excusa siempre era la misma, “esto no es para mí”

Así es en la vida laboral, existen los disciplinados, constantes y que se niegan a sí mismos al cabo de un tiempo inevitablemente prosperan, inevitablemente alcanzan sus metas y se vuelven más capaces que el resto. Existen también los que se esfuerzan pero permiten que cada fin de semana su esfuerzo se pierda, aquellos que trabajan duro pero no ven resultados porque tienen grietas, tiempos de ocio, tiempos de pereza alternados, entonces son como las olas del mar, parece que llegan pero inevitablemente retroceden y están los que quieren pero la ver el sacrificio y el esfuerzo necesarios no perseveran así que pasan de trabajo en trabajo, de aquí para allá hasta que se vuelven vagos profesionales, incapaces de alcanzar algo.

1Co 9:25  Todo aquel que lucha,  de todo se abstiene;  ellos,  a la verdad,  para recibir una corona corruptible,  pero nosotros,  una incorruptible.

Pero lo asombroso es que sucede lo mismo en nuestro servicio a Dios, Pablo le decía a Timoteo: “Ejercítate en la piedad”, y el resultado de nuestra actitud frente al esfuerzo continuo es el mismo.

Si soy constante y disciplinado en hablar a otros de mi fe, constante y sin dejar de hacerlo, entonces pronto veré un gran fruto crecer, si solo lo hago por temporadas, cuando “siento hacerlo”, nunca alcanzaré resultados buenos, es más, poco a poco me volveré incapaz de compartir mi fe, ese es el caso de legiones de hermanos que se acostumbraron a llenar una silla cada domingo y no trabajan para extender el Reino, y por ultimo aquellos que se emocionan en un encuentro, en un campamento o una conferencia, pero al ver todo el trabajo que demanda y todas las cosas que hay que negarse para poder lograrlo simplemente se rinden.

Pro 26:15  Mete el perezoso su mano en el plato; se cansa de llevarla a su boca.

El resultado de un cristiano que no se esfuerza constantemente por engrandecer el reino es que llegará a apartarse de la fe,  su fuerza se reduce tanto que ya no le quedan ganas ni siquiera de asistir a una reunión, ya le da pereza hasta alimentar su propia fe, no lleva ni siquiera la cuchara a la boca, pierde el sentido de porque ir a la iglesia, todo le comienza a parecer monótono y aburrido y un día deja de asistir.

No se puede permanecer en la fe y no trabajar esforzadamente para Dios, inevitablemente, tarde o temprano llegaremos a un punto en que dejaremos el camino, pero lo puesto también es cierto, si somos constantes en nuestro trabajo para con Dios y nos esforzamos pronto nuestra fe crecerá y también cosecharemos los frutos del esfuerzo, nos volveremos fuertes en la fe.

 

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