Sé mis manos, sé mi boca :: Fortaleza: jóvenes cristianos quito ecuador Jorge y Rossana Briceño

Sé mis manos, sé mi boca

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Tenemos dos maneras de mirar a los demás, desde nuestra perspectiva y como son en realidad, tenemos dos maneras de caminar por la ciudad, mirándola en función de lo que queremos para nosotros, de lo que buscamos, de lo que estamos haciendo, de nuestra situación y comodidad, o la podemos mirar con los ojos de Dios, como es en realidad. Si caminas por Quito puedes ver parques, centros comerciales, el casco colonial, el hermoso paisaje, etc. O puedes ver lo que realmente importa, por las calles de esta ciudad caminan personas, cada una de ellas con una vida, una historia, un dolor, una alegría, y si te fijas un poco te darás cuanta que la mayoría sufren, sufrimos, tenemos temor, frustración, angustia, necesidad… Quizá los únicos que no sufren de esa manera son los niños, los mas pequeños, los que aun no ha probado la maldad, no temen al futuro, son felices, el resto caminamos ocultando los harapos, las cicatrices, la herida…

Romanos 11:13 compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.

Se sube un hombre al bus, lleva en sus brazos una niña de 8 años aproximadamente y dice: “Señores pasajeros, no quisiera molestarlos, yo soy de Guayaquil y he venido a esta ciudad porque mi hija necesitaba tratamiento medico, la próxima semana la van a operar en el Hospital Eugenio Espejo y necesito reunir dinero para unas medicinas, estoy desesperado…”

Tanto dolor, por todas partes… si la historia es verdadera o no da igual, ese hombre tiene necesidad, el mundo está lleno de dolor, esta lleno de necesidad, está lleno de personas.

¿Y que hay de mi dolor?, ¿Quién se preocupa por mi?

Eso es lo primero que viene a nuestra mente, a nuestro corazón, es el muro que levantamos ante la necesidad de los demás, ¿Quién se preocupará por mi?

Lo bueno es que para esa pregunta hay una respuesta, ¡Jesús se preocupa por mi!, ¡el cargo con mis culpas, con mi dolor, con mis pecados!, ¡Él se hizo pobre para que yo fuera rico!

Ahora ya no existe más ese muro, puedo ver como Dios ve, no podemos negarlo, a ti y a mi, Él nos está llamando y a ti también te está llamando, a sanar este mundo, a suplir la necesidad… “Sé mis manos”, “Sé mis pies”, “Sé mi corazón”, “Sé mi boca”… podemos “ver y ser movidos”

Olvidamos que la vida práctica del cristiano se resume en “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, y si no sabemos como, o por donde empezar, siempre está esa historia:

Lucas 10:30 Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.

Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.

Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.

Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.

Ve y haz tú lo mismo.

(Háblame, háblame, el silencio me desgarra el corazón… tus palabras son vida, poder, fuerza y transformación, tu cambias la ceniza en esplendor, el silencio en música, la indiferencia en amor… Todo lo puedes Señor, toma el control de mi casa, mi iglesia, mi ciudad… haz tu voluntad… enséñame a vivir…)

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