Yo, pecador :: Fortaleza: jóvenes cristianos quito ecuador Jorge y Rossana Briceño

Yo, pecador

A veces pensamos que estamos bien, que no somos tan malas personas, especialmente los cristianos, pensamos que ya no caemos en la categoría de mendigos, que ahora estamos en un lugar diferente, que hemos pasado de la calle al lobby de Dios.

Rom 11:30-31  En tiempos pasados, ustedes desobedecieron a Dios, pero ahora que los judíos han desobedecido, Dios tiene compasión de ustedes. De la misma manera, ellos han desobedecido ahora, pero solamente para que Dios tenga compasión de ustedes y para que, también ahora, tenga compasión de ellos. Porque Dios sujetó a todos por igual a la desobediencia, con el fin de tener compasión de todos por igual.

La desobediencia nos separa de Dios. Esta es la verdadera muerte, estar separados de Dios. Toda la humanidad desobedeció, toda la humanidad murió, incluyéndonos a todos. Simplemente muertos, Todos.

Pero Tú eres un Dios de compasión, eres compasión, misericordia, es lo más impresionante de Ti, tu nombre es Misericordia, es Compasión, cuando Moisés pidió ver tu gloria la respuesta fue:

Éxodo 34:6  ¡Yavé!  ¡Yavé!  Dios fuerte, misericordioso y piadoso.

Tu misericordia inevitablemente nos ve por igual a todos, todas las razas, todas las naciones, cada uno de nosotros somos para ti como niños desvalidos y pequeños, extraviados, hijos perdidos, a quienes sobre todas las cosas miras con amor.

No tienes preferencias, no tienes favoritos, simplemente tienes pródigos, necesitados, mendigos que no saben lo que necesitan, que caminan por las calles cubiertos por los harapos del dinero, del orgullo, del temor, de la religión.

Y en tu sabiduría siempre tuviste un plan, para dar esperanza a los comíamos algarrobas y desperdicios, una esperanza de libertad a los esclavos del pecado.

Extraño plan, sujetarnos a la desobediencia.

¿Qué habría sucedido si hubiese sido más fácil?, ¿Qué hubiera pasado si los judíos hubiesen podido cumplir la letra de la ley y vivir?

Simplemente no hubieran necesitado de ti.

La idea es la siguiente, llegamos a Cristo, con nuestros delitos, rebeliones, malas intenciones y demás, entonces Dios nos perdona, recibimos y aceptamos el terrible precio pagado por Jesús en la cruz, entonces, como por arte de magia empezamos a creer que somos mejores, ya no somos tan malos, vemos la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas y consideramos que lo hemos superado.

A veces se apodera de nosotros la siguiente idea, una sola gota de la Sangre de Jesús es suficiente para limpiarnos de nuestros pecados. Consideramos el infinito poder de la Sangre de Jesús y creemos que es suficiente una sola gota de Su Sangre para limpiar nuestra maldad y es un enfoque incompleto y parcializado de la obra de la cruz sobre nosotros.

La verdad es que nuestra maldad es tan, pero tan grande que no es suficiente una gota de Su Sangre Preciosa para limpiarnos de nuestra maldad, lo que necesitamos es TODA la Sangre de Jesús, para limpiarnos de nuestra maldad, una sola gota no es suficiente, sino, Jesucristo no hubiese necesitado morir en la cruz sino simplemente derramar un poco de Su Sangre por nosotros.

Tanto el inconverso como el creyente tenemos la misma necesidad, porque la paga del pecado, cualquier pecado, el de hoy, sin diferencia es la muerte.

Si sentimos que estamos mejor, entonces nos engañamos, Pablo decía, “yo el más grande de los pecadores”, ya siendo el apóstol de Jesús, y eso, créanlo, no era modestia, o humildad fingida, era la más cruda realidad. Somos pecadores.

Tal vez no hacemos las cosas que antes hacíamos, ya no decimos palabrotas, hemos aprendido a hacer lo bueno, pero aun así, dentro de cada uno de nosotros está, latente, esperando cualquier oportunidad, ese monstruo horrible, ese Mr. Hide, ese deseo abominable por hacer lo malo que se llama pecado.

Un ejemplo:

Aquel que conoce a Jesús sabe que es pecado el adulterio y la fornicación, cada cristiano, sin excepción lo sabe, en las iglesias nos encargamos de enseñarlo, siempre.

Y aquel que va más allá de la forma y busca la sinceridad sabe que aquel que mira una mujer para codiciarla ya adulteró en su corazón así que busca tener una mente limpia y sin pensamientos lujuriosos respecto al sexo opuesto.

Pero esto va aun más allá, pocos, relativamente pocos de nosotros nos fijamos en el siguiente detalle: Quisiéramos que esto no sea así, quisiéramos en lo profundo de nuestro corazón que Dios no lo hubiese prohibido, quisiéramos que la voluntad de Dios sea diferente, pero como amamos a Dios nos sujetamos a ella. El detalle es que la mayoría de nosotros en lo profundo de nuestro corazón aun anhelamos el pecado, aun quisiéramos hacer lo que no nos está permitido.

Así es en casi todas las aéreas, la mayoría quisiéramos poder codiciar y alcanzar el lugar de autoridad de otro, todos quisiéramos en lo profundo que Dios nos permitiera ser infieles y no existieran consecuencias, quisiéramos ser el centro del universo, hacer nuestra propia voluntad sin malas consecuencias y que Dios estuviera de acuerdo, subir al trono de Dios y arrebatárselo, Aun somos pecadores en nuestro corazón.

Así que todos necesitamos la cruz. Cada día, necesitamos no simplemente un perdón, no simplemente una gota, necesitamos cada mañana reconocer que somos pecadores y mendigos. Cada gota de sangre es necesaria, cada golpe es necesario, cada dolor, todos los días, porque todos los días pecamos.

Menos de eso es hipocresía, es un autoengaño.

¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? dijo el apóstol. Doy gracias a Dios por Jesucristo nuestro Señor. A esto se refería David cuando decía “Son nuevas cada mañana tus Misericordias”

¿Estamos sujetos aún a desobediencia? Ciertamente no, somos llamados a obedecer, pero no solo de forma, o de acción sino en la intimidad de nuestro corazón, debemos anhelar hacerlo de todo corazón, poder decir “Amos tus mandamientos, son mi delicia tus estatutos”, no solo por las consecuencias, no solo por las bendiciones, no nos debemos conformar con menos. Busquemos ser como Jesús, amar lo que Dios ama, y aborrecer el pecado, como Dios lo aborrece, esa es nuestra meta.

Y mientras no seamos exactamente como Él, no debemos caer en el error de pensar que ya no necesitamos de la cruz, cada día, cada minuto.

Solo podemos vivir y agradar a Dios al pie de la cruz, lo demás no cuenta.

Tu nombre es Misericordia, es Compasión, para todos, por igual, y la necesitamos todos, por nuestra desobediencia, ahora, con urgencia, por igual, necesitamos toda la cruz.

 

(Escuche en estos días tantas cosas, que en mi cabeza hay mucha confusión, ayúdame a entender, ayúdame a admitir mi maldad, reconocer mi pecado y volverme de él, examíname, líbrame de mi maldad que me es oculta, muestra que está mal en mi para arrepentirme y caminar tras tu amor, no puedo seguir si Tú no estás, y nada puedo si no es de Ti, si hay necesidad no solo es mía, es la misma en cada lugar, en cada hijo tuyo, vuélvete y santifícate en nosotros, aun cuando esto sea difícil, santifícate, guía nuestro camino, Tú eres nuestra necesidad)

 

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