No se aceptan devoluciones :: Fortaleza: jóvenes cristianos quito ecuador Jorge y Rossana Briceño

No se aceptan devoluciones

Un don implica una gran responsabilidad (palabras del tío Ben a Peter Parker), un encargo, una demanda, y la demanda es esta: Este regalo no se puede devolver. Nunca más serás el mismo. Dios es de una sola palabra, pocas veces ha cambiado de parecer, y siempre ha sido para dar algo mejor, una mejor opción que Él mismo buscaba elegir, pero esa no es la regla, la regla es que un regalo no se puede devolver. Tal vez por eso no nos da todo lo que pedimos, simplemente porque nos conoce y sabe que después de probarlo lo querremos devolver.

Es muy común leer esta frase en las almacenes de regalos cada Navidad. Cuando tenía 11 años vivía con mi mamá en Muisne una preciosa isla de la costa ecuatoriana, y se acercaban navidades, un día, llego un vendedor de baratijas para niños al pueblo, con algo que yo nunca imaginé que existía, un pequeño piano del tamaño de la palma de la mano que funcionaba con pilas de reloj, tenia 10 teclas y un folleto con melodías populares. Me enamore, le rogué a mi mamá, le lloré,  le juré que no quería nada más para Navidad, que arreglaría mi cama todos los días, que lo único que quería en esta vida era tener ese pequeño piano de 5 dólares y luego el cielo. Mi mamá me pregunto si estaba seguro porque luego no lo podría devolver, si no me esperaba hasta navidad, que tendría un mejor regalo, que había estado ahorrando para comprarme lo que yo quería, Etc.

La verdad es que la mayoría de las madres acostumbradas a ahorrar, a ser austeras, a negarse a sí mismas por el bien de su familia, ¿Qué le vamos a hacer? Así son todas las mamás, no recuerdan ese sentimiento de necesidad y desespero que tenemos todos cuando somos niños y anhelamos algo, lloramos, y lo hacemos de todo corazón. Me lo compró. Lo disfrute menos de un mes y la batería se agotó. En cambio el maravilloso Nintendo que me regaló para el 25 de Diciembre me proporcionó miles de horas de desvelo, batallas épicas e interminables con mis hermanos y un poderoso desarrollo muscular en los pulgares del cual hasta ahora estoy orgulloso.

Rom 11:29  Pues lo que Dios da, no lo quita, ni retira tampoco su llamamiento.

¿Cuántos no queremos ser músicos famosos?

¿Cuántos no queremos ser grandes evangelistas?
¿Cuántos no queremos ser empresarios multimillonarios?
¿Cuántos no queremos ser superdotados deportistas?

A veces nos olvidamos que Dios tiene un plan, y este plan nos incluye, y Dios tiene preparado el don o los dones necesarios para que cumplamos dicho plan, los cuales nos serán entregados a su tiempo cuando estemos listos para usarlos, pero si los recibimos antes de tiempo pueden echar abajo los propósitos de Dios en nuestra vida.

El caso es que no hemos cambiado mucho, la mayoría de nosotros, crecimos, y ya no queremos  una baratija, ahora queremos cosas mucho más llamativas, un carro nuevo, una esposa tuneada de tal manera que todos se queden con la boca abierta, un puesto gerencial con un gran sillón, un talento musical que deslumbre, y pareciera que nuestro Padre que está en los cielos no nos comprende. Pero no es así, Él sabe de cosas que tenemos necesidad, y más aún,  tiene el regalo perfecto para hacer de nuestra vida un poema eterno. Solo tenemos que esperar, pronto llegará la Navidad.

Pero vamos al centro del texto, Dios no nos quita lo que nos ha sido regalado, sea una esposa, sea un llamamiento, un talento, sus planes son perfectos y eternos, cada llamamiento empieza en lo más profundo de nuestro corazón, donde no lo podemos ver, ha sido puesto allí desde que fuimos hechos, tal vez en nuestra niñez, tal vez en nuestra adolescencia, son los deseos y anhelos de nuestro corazón que no han sido puestos allí por nuestro enemigo, nuestro trabajo es encontrarlos, reconocerlos, pedirlos y esperar, llegarán a su tiempo, son lo que somos sin el pecado de por medio.

Lo que no podemos hacer es cambiar de llamamiento, muchos ven algo impresionante y dejan lo que Dios los puso a hacer porque quieren ser como otros, no se dan cuenta cuanto tiempo y esfuerzo les costó desarrollar ese don o ese llamado, y sobre todo, no se dan cuenta que Dios los puso a hacer algo diferente. No es inteligente tratar de ser otra persona y menos inteligente tratar que otros sean como uno, especialmente en lo que se refiere a gustos y personalidad, uno no debe presionar para otros sean iguales a él, la iglesia no es una fábrica de galletas sino un lugar donde potencializar y desarrollar lo que Dios ha puesto en cada persona.

Dios pone una marca en cada ser humano que no se puede borrar, un llamamiento tatuado en lo profundo de nuestro corazón, el cual no se puede borrar, lo podemos dejar a un lado, podemos abandonarlo, pisotearlo, dejarlo morir, pero nunca separarnos de Él.

¡Y cuando llegan!  A veces nuestra primera impresión es de decepción, y esto tiene una razón, un principio es que Dios siempre que nos quiere regalar un árbol pone en nuestras manos una semilla insignificante, como de mostaza, nosotros esperamos el regalo completo, que una mañana milagrosamente empecemos a cantar arias con la potencia de un Placido Domingo, pero no es así, y allí muchos se quedan, de repente descubren lo que anhelan y a lo que Dios los ha llamado pero en apariencia es tan insignificante que decepciona.

¿Qué se debe hacer con una semilla? Plantarla, regarla, con paciencia, quitar los gusanitos y plagas, taparla de la lluvia y sobre todo esperar, esperar y más esperar. Solo así se obtienen árboles.

 

(Eres maravilloso, tú eres maravilloso, más allá de lo que puedes hacer, eres maravilloso y sabio Dios, estoy enamorado de ti, tu ternura, tu mansedumbre, tu majestad, tu sencillez, tu pasión, tu limpio corazón, tu bondad, la manera como defendiste al más humilde, la manera como amas al que no quiere ser amado, tu integridad, tu compasión, tu fe, tu humanidad, todo tu me has cautivado y vivo en pos de conocerte, buscando momentos y lugares para encontrarnos, para reír, para llorar juntos, para serte fiel… mi Jesús)

Comments are closed.