Rasgando el velo :: Fortaleza: jóvenes cristianos quito ecuador Jorge y Rossana Briceño

Rasgando el velo

Heb 10:19 Así que,  hermanos,  tenemos libertad para entrar en el Lugar santísimo por la sangre de Jesucristo.

Tú nos hiciste para ti, y nuestros corazones no descansarán tranquilos hasta que no descansen en ti. El fin principal de la existencia del hombre es glorificar a Dios y gozar de su presencia por siempre.

La omnipresencia de Dios es una cosa y la manifestación de su presencia es otra cosa distinta. Adán huyó de la presencia de Dios, Pedro en su primer encuentro con Dios también quiso que Jesús se fuera, el pueblo israelita al oír la voz desde el monte tuvo pavor y quiso huir, y el hombre por naturaleza quiere huir de Dios.

La gracia de Dios pre viniente nos busca y quiere regresarnos a su presencia, pero hay algo que nos separa, un velo, un algo que no nos permite ver a Dios.

Aun cuando venimos aquí y cantamos, eso no quiere decir que estamos en Su presencia, ponemos como ejemplo el Tabernáculo, había allí un atrio, luego el lugar santo y detrás del velo grueso estaba el arca de Dios, lo importante de todo el templo es que Dios estaba allí.

Lo más importante del cristianismo es que Cristo está presente en nuestra alma.

Una cosa es declarar nuestra situación legal y otra cosa es la presencia de Dios en nuestra vida.

Los hombres con el corazón quebrado son incomprensibles para la gente común. Ellos hablan con autoridad. Han estado en la presencia de Dios y hablan de lo que han visto allí, son profetas y no escribas, el escriba habla de lo que ha leído, el profeta sobre lo que ha visto y oído.

El privilegio de entrar hasta la santa presencia es de cada uno de nosotros en este tiempo, de cada Hijo de dios.

¿Por qué nos conformamos con vivir en los atrios cuando podemos entrar en el lugar santísimo?, ¿Por qué estamos fríos?

Hay algo que provoca esa frialdad, es la separación de Dios que aun conservamos en nuestro corazón, es lo que no hemos permitido que Dios juzgue, la parte pecaminosa que aun amamos, que no hemos rechazado, el área de nuestro corazón donde todavía no hemos dejado entrar a Dios.

No es un velo bonito y no nos gusta hablar de Él, está hecho de egoísmo, orgullo, autosuficiencia, justificación propia y pecado, y no es algo que hacemos sino lo que somos y allí está su poder.

La exaltación del individuo en lugar de la de Cristo es muy común en estos días.

Antes de entrar a la Presencia de Dios debemos ser librados de ese velo, Dios tiene que hacer una obra destructiva en nosotros. Tenemos que invitar a la cruz que haga su obra en nosotros, debemos poner nuestra maldad delante de Dios para que sea juzgada.

Lo que la cruz significó para Jesús y es lo que debe significar para nosotros. La cruz es tosca y mortal pero efectiva, no deja victimas colgando indefinidamente.

Es después de la muerte que viene el gozo de la resurrección, olvidamos los dolores que ha costado, y disfrutamos de la gloria de la presencia del Dios Vivo.

(Extracto del libro: La Busqueda de Dios, Autor: A. W. Tozer)

 

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