¿Qué es lo que realmente importa? :: Fortaleza: jóvenes cristianos quito ecuador Jorge y Rossana Briceño

¿Qué es lo que realmente importa?

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1 Cor 15:3-4 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día

  • Cristo murió
  • Cristo fue sepultado
  • Cristo que resucitó al tercer día

Lo que realmente importa es Cristo Crucificado

No se puede pasar por alto la cruz

¿Un carpintero crucificado proclamando que Él es Dios en la tierra, Divino, Eterno, El destructor de la muerte?

Pablo: la locura del evangelio

Si el relato es verdadero, es el eje de la historia

Si no, es el engaño de la historia.

Escuchemos al Mesías mismo. Un obrero judío cuya proclama alteró a todo un mundo, y cuya promesa nunca ha sido igualada.

Palabras finales, hechos finales

Estos reflejaban una vida bien vivida. Así fueron las últimas palabras de nuestro Maestro. Cuando estaba en el umbral de la muerte. Jesús también puso su casa en orden:

  • Una oración final de perdón.
  • Una plegaria concedida.
  • Una petición de amor.
  • Una pregunta de sufrimiento.
  • Una confesión de humanidad.
  • Un pedido de liberación.
  • Un grito de consumación.

¿Palabras musitadas de casualidad por un mártir desesperado?
No; palabras de profundidad descritas por el Divino Libertador en los lienzos del sacrificio.

Palabras que hieren «Padre, perdónalos».Lucas 23:34

Palabras amargas. Ácido con sarcasmo. Odio. Irreverencia. ¿No era suficiente que Él estaba siendo crucificado? ¿No era suficiente que estaba siendo avergonzado como un criminal? ¿No eran suficientes los clavos? ¿Fue la corona de espinas demasiado suave? ¿Habían sido muy pocos los azotes?

Usted ha sentido la tortura de un escarnecimiento bien apuntado.

Si usted ha sufrido —o está sufriendo— debido a las palabras de alguien

. Medite en las palabras de 1 Pedro 2:23:

«Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente.

La venganza «Ellos no saben lo que hacen».Lucas 23:34

¿Es esa una manera saludable de vivir? ¿Qué bien ha traído alguna vez el odio? ¿Qué esperanza ha creado alguna vez la ira? ¿Qué problemas han sido resueltos por la venganza?

¿Se ha preguntado usted alguna vez cómo fue que Jesús pudo mantenerse sin tomar represalias? ¿Se ha preguntado alguna vez cómo hizo para no perder los estribos? Aquí está la respuesta. Es la segunda parte de su declaración: «Porque no saben lo que hacen».
Es como si Jesús considerara a esa multitud sedienta de sangre, hambrienta de muerte, como si fueran víctimas y no como asesinos. Es como si en sus rostros Él viera confusión en vez de odio. Es como si Él los considerara no como una turba militante, sino tal como Él los llamó: como «ovejas sin pastor».

El cuento del ladrón crucificado «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso».Lucas 23:43

El que merecía el infierno logró el cielo, y nos quedamos perplejos. ¡Dios mío! ¿Qué estaba tratando de enseñarnos Jesús con eso? ¿Qué estaba tratando de probar perdonando a este malhechor, quien con toda probabilidad nunca había mencionado la gracia, y mucho menos había hecho nada para merecerla?

¡Ellos revaloraron todas las cosas de la tienda!

Nuestros valores están tergiversados

Jesús quería que todos entendiéramos era esto: una persona vale algo simplemente porque es una persona.

Una muchacha sorprendida en inmoralidad,

El leproso intocable que pidió ser tocado

El ciego que pedía ayuda y que estorbaba en el camino, fue atendido por El

Si alguna vez había algún hombre sin valor, era éste. Si alguien, alguna vez, mereció morir, probablemente haya sido este hombre. Si alguna vez existiera un perdedor, este tipo encabezaba la lista.

El amor de Jesús no depende de lo que nosotros hagamos por Él.

Exconvictos caminado las calles de oro que conocen más acerca de la gracia que miles de teólogos

Dejar es amar «Mujer, he ahí tu hijo». Juan 19:26

«Más bienaventurado es dar que recibir».’

Mateo 19:29. «Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna».

¿dejar mi familia? ¿Por qué tengo que dejar a aquellos que amo?

Una mañana Jesús viene de la tienda, temprano, sus ojos más firmes, su voz más directa. Él había oído las noticias. «Juan está predicando en el desierto

¿Qué clase de Dios pondría a la gente a pasar tal agonía? ¿Qué clase de Dios le daría a usted una familia y luego le pediría que la dejara? ¿Qué clase de Dios le daría amigos y luego le pediría que les dijera adiós?

Respuesta: Un Dios que sabe que el amor más profundo se edifica no en la pasión ni en el romance sino en la misión común y en el sacrificio.

Respuesta: Un Dios que sabe que somos solamente peregrinos y que la eternidad está tan cerca y que sabe que cualquier «adiós» es en verdad un «hasta mañana».

Respuesta: Un Dios que Él mismo pasó por la experiencia de decir «adiós».

El grito de la soledad «¿Dios mío. Dios mío, por qué me has abandonado?».Mateo 27:46

Judith Buckmell. Atractiva, joven, triunfadora… y muerta.

Judith Buckmell era el homicidio número 160 de ese año. Ella fue asesinada en la calurosa noche del 9 de junio. Edad: 38. Peso: 50 kilos. Apuñalada siete veces. Estrangulada.

Aunque rodeada de gente, ella estaba en una isla. Aunque ella tenía muchas amistades, tuvo pocos amigos. Aunque tuvo muchos amantes (cincuenta y nueve en cincuenta y seis meses), ella tuvo poco amor.

«¿Quién va a amar a Judith Buckmell? —continúa el diario—. Me siento tan vieja. Sin amor. Sin nadie que me quiera. Abandonada. Usada. Quiero llorar y dormir para siempre».

La Soledad.

Es un grito. Un lamento, un gemido; es un alarido cuyo origen está en el fondo de nuestras almas.

¿Puede oírlo? El niño abandonado. El divorciado. El hogar silencioso. El buzón vacío. Los días largos. Las noches más largas. El que se queda solo una noche. Un cumpleaños olvidado. Un teléfono silencioso.

Gritos de soledad.

Me mantengo pensando en toda la gente que abre desesperadamente sus ojos buscando en las tinieblas de los cielos y gritando: «¿Por qué?»

Y me lo imagino a Él. Me lo imagino escuchando. Me hago un cuadro de sus ojos empañándose y de una mano limpiándose una lágrima. Y aunque Él no ofrece ninguna respuesta, aunque no resuelve ningún dilema, aunque la pregunta pueda quedar congelada dolorosamente en medio del aire. El, quien también estuvo una vez solo, entiende.

Tengo sed Juan 19:28

Después de esto, sabiendo Jesús que todo ya estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese. «Tengo sed».

  • Estoy cansado», suspiró. Así que se detuvo. «Anda tú adelante y consigue la comida. Yo descansaré aquí
  • Tengo sueño. Estiró los brazos. Bostezó En una noche cubierta de nubes en el mar de Galilea, Dios se fue a dormir.
  • Estoy enojado. Él no tuvo que decirlo; usted podía verlo en sus ojos. La cara roja. Las venas hinchadas. «¡Yo no voy a tolerar esto nunca más!»

Así como su divinidad es irreprochable, su santidad intocable y cuando su perfección llega a ser inimitable, suena el teléfono y una voz murmura:

«Él era humano… no lo olviden… Él tenía carne».

Conoce nuestros sentimientos.

Conoce la tentación.

Se ha sentido desanimado.

Ha tenido hambre, sueño y cansancio

Ese no es el Cristo. Ese es el sediento. Es el carpintero.

Él es el Rey de reyes, el Señor de señores y la Palabra de Vida. Más que nunca Él es la estrella de la mañana, el cuerno de la salvación, y el Príncipe de paz.

Pero hay algunas horas cuando somos restaurados recordando que Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. Nuestro Maestro sabía que esto significaba ser un carpintero crucificado que tuvo sed.

«Consumado es». Juan 19:30

Nuestra incapacidad de terminar lo que comenzamos es vista en las cosas más pequeñas:

  • Un césped parcialmente cortado.
  • Un libro a medio leer.
  • Cartas comenzadas pero nunca terminadas.
  • Una dieta abandonada.
  • Un niño abandonado.
  • Una fe fría.
  • Un trabajo inestable.
  • Un matrimonio destruido.
  • Un mundo no evangelizado.

¿De cualquier manera me estoy dirigiendo a alguien que está considerando darse por vencido

Jesús no desistió. Pero no piense ni por un minuto que Él no fue tentado a hacerlo.

  • Mírelo retroceder cuando oye a sus apóstoles maldecir y reñir.
  • Mírelo llorar cuando se sienta en la tumba de Lázaro
  • Óigalo gemir mientras se postra en el suelo de Getsemaní.

Ahora, imagine la creatividad de Dios ….

como final de un brillante acto, hizo al hombre Un ser humano que tuvo el único honor de usar el sello «a su imagen».

¡sólo espérese hasta ver lo que hace para conseguir que su creación lo escuche!

  • Una mujer de noventa años queda embarazada.
  • Una mujer se convierte en sal.
  • Una inundación cubre la tierra.
  • Un arbusto arde ¡pero no se quema!
  • El Mar Rojo se abre en dos.
  • Las murallas de Jericó caen.
  • Desde el cielo llueve fuego.
  • Un asno habla.

Se hace hombre. En un misterio intocable, se disfraza como un carpintero y vive en una polvorienta aldea de Judá. Determinado a probar su amor por su creación, camina de incógnito en su propio mundo. Las manos encallecidas tocan heridas, y sus palabras compasivas tocan corazones. El llega a ser uno de nosotros.

¿Ha visto alguna vez tal determinación? Su mente nunca se detuvo. «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras —escribe el autor de Hebreos—, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo».

«¡Consumado es!», gritó.

¿Qué fue consumado? La larga historia del plan de redención del hombre estaba terminada. El mensaje de Dios al hombre estaba concluido. Las obras hechas por Jesús como hombre en la tierra estaban ahora terminadas. La tarea de seleccionar y entrenar embajadores estaba finalizada. La sangre había sido derramada. El sacrificio había sido hecho. El aguijón de la muerte había sido quitado.

«He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, como es justo, en aquel día, y no es sólo a mí, sino a todos los que aman su venida».7

Llévame a casa «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu Lucas 23:46

  • Si fuera una guerra —éste sería el resultado.
  • Si fuera una sinfonía —éste sería el instante entre la nota final y el primer aplauso.
  • Si fuera un viaje —ésta sería la vista del hogar.
  • Si fuera una tormenta este sería el sol rompiendo las nubes.

Pero no fue esto. Fue un Mesías. Y este fue un suspiro de sumo gozo.

«¡Padre!»

La voz que llamó a los muertos para resucitarlos. la voz que enseñó la buena voluntad, la voz que clamó a Dios, ahora dice:

«¡Padre!»

Los dos son nuevamente uno. El abandonado es ahora encontrado. El abismo tiene ahora un puente.

«Padre». Sonríe débilmente. «Consumado es».
Los buitres de Satanás han sido espantados. Los demonios del infierno han sido encarcelados. La muerte ha sido vencida. El sol ha salido, el Hijo ha salido. Está terminado. Un ángel suspira. Una estrella se seca una lágrima.

«Llévame a casa».

Sí, llévalo a casa. Lleva a este príncipe a su reino. Lleva a este hijo a su padre. Lleva a este peregrino a su hogar. Merece un descanso).

«Llévame a casa».
¡Vengan diez mil ángeles! ¡Vengan y lleven a este herido trovador a la cuna, a los brazos de su padre! A Dios, pesebre de niño. Bendito Santo Embajador. Ven a casa. Vencedor de la Muerte. Descansa bien. Dulce Soldado. La batalla ha terminado.

Vivo. Vivo. ¡Vivo!

El Dr. Donald Grey Barnhouse cuenta de la ocasión en que murió su primera esposa.

 

Él y sus hijos regresaban a casa desde el funeral, vencidos por el dolor. Buscaba una palabra de consuelo para hablarles, pero no pudo pensar en nada. Entonces un camión con un furgón grande los adelantó. Cuando pasó, la sombra del camión cubrió el auto. El Dr. Barnhouse tuvo una inspiración. Se volvió hacia su familia y preguntó: «Hijos, preferirían ser atropellados por un camión o por su sombra?»

Los niños respondieron: «Por supuesto, papá, preferiríamos que nos atropellara su sombra. Una sombra no podría lastimarnos».

El Dr. Barnhouse explicó: «¿Saben que hace dos mil años el camión de la muerte atropelló al Señor Jesús … para que sólo su sombra nos atropellara a nosotros?» 1

Nosotros enfrentamos la muerte, pero gracias a Jesús, sólo enfrentamos su sombra.

 

El no está descansando. Sus incansables manos están preparando una ciudad tan gloriosa que aún los ángeles disputarán entre sí para verla. Considerando lo que Él ha hecho, esa es una creación que yo pienso ver.

Bibliografia

Libro “Con Razón lo llaman Salvador” – Max Lucado

 

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